jueves, 11 de febrero de 2010

Escuela y televisón

Hubo un tiempo en donde no existía ni la televisión, ni mucho menos Internet y menos aún la "wii" o como demonios se escriba el nombre de esta máquina. Hoy, estos medios de comunicación, información y entretenimiento ocupan un lugar preeminente en los hogares de nuestros alumnos y todos ellos, de una manero u otra, colaboran en su formación. Debemos aceptar que a las escuelas, profesores y familias nos han salido medios auxiliares poderosos que compiten con nosotros en la tarea de educar a nuestros alumnos e hijos y para ello se hace necesario reflexionar sobre su papel y saber que no son ni buenos ni malos en sí porque son medios y, como tales, está en nuestras manos utilizarlos de manera que colaboren con nosotros en nuestra tarea de educar.
Así, si nuestros alumnos están acostumbrados a los mensajes televisivos y reciben un excesivo número de estímulos es probable que les cueste trabajo la reflexión personal. recibir muchos estímulos visuales en poco tiempo provoca que no se pueda asimilar toda la carga de sensaciones, sentimientos, actitudes positivas o negativas, opiniones, datos, ...que los puedan contrastar, analizar, valorar. Así no se logrará un conocimiento bien fundamentado ni tampoco se fomenta la reflexión personal sobre lo que se está viendo. Cuando recibirmos muchos estímulos visuales en poco tiempo no se logra asimilarlos todos porque nuestra capacidad de asimilación es limitada. En televisión los acontecimientos, la publicidad, la información de los documentales, las actitudes y valores que contienen las series y películas nos llegan a tal ritmo que al no poder reflexionar sobre ellos logran bloquear nuestra capacidad crítica. Y es esto precisamente lo que debemos fomentar en nuestras aulas y en las relaciones con nuestros hijos. Fomentar la capacidad crítica supone examinar una situación, o un conjunto de hechos, y relacionarla con otra situación que pueda concordar o diferir con el fin de encontrar argumentos a favor o en contra que ayudan a tomar una decisión o a formara una opinión bien fundamentada.
En esta tarea tenemos unos buenos aliados: los libros. En ellos sí nos podemos detener, dejarlos casi olvidados, volver a leerlos, reflexionar sobre lo leído y terminar dialogando con su contenido y lograr aumentar nuestro conocimiento.

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